
Para algunas personas el que una chica esté en su periodo significa que no podrán tener actividad sexual por el desastre que conlleva, para otras personas puede significar más razones para hacerlo porque no se tienen que preocupar por embarazos no deseados (aunque ello no sea del todo confiable) y luego estoy yo con el pretexto para tener sexo anal con mi jefe en la oficina.
Estamos en la hora de comida, por lo que somos los únicos que se encuentran en la oficina pues los demás prefieren ir a comer fuera del edificio con tal de alejarse un poco de la rutina diaria.
No es la primera vez que mi jefe me pide que tengamos un poco de actividad en la oficina pues ya ha pasado varias veces, pero esta vez le comenté que estaba menstruando como una forma de avisar que si quería algo tendríamos un pequeño desastre y su ropa o alguna cosa más podría quedar manchada. Él se lo pensó por lo que dio una idea que considero graciosa.
—Entonces tal vez lo tengamos que hacer por atrás —rio entre dientes.
Por un momento no encontré graciosa la idea, no es algo nuevo para mí pero no soy la más fan de esas prácticas. Él era quien me había instruido por primera vez en el sexo anal, en una de las tantas veces que hemos hecho las cosas fuera de la oficina él tuvo toda la paciencia de practicarlo conmigo hasta que al fin estuve lista para poder hacerlo con él.
Su pene siempre pensé que era grande para mí, por lo que imaginar que eso pudiera entrar en mí me parecía demasiado irreal. En su momento él me compró un plug para poder ir entrenando mi trasero pero seguía sin sentirme segura hasta que un día, mientras tenía el plug y el tocaba mi clítoris tuve la confianza de pedirle que lo metiera por detrás. Aunque en aquel entonces no tuve un orgasmo anal, si fue mucho más placentero. Pero... Es que siempre iba acompañado de estimulación externa o primero penetración vaginal...
—No sé... —salí de su oficina. —Regreso, voy al baño.
—Ummm ok.
Él se quedó un poco confundido por mis palabras pero sólo tomé unas cosas de mi bolsa y entré al baño de empleados que estaba junto a nuestra oficina y comencé a limpiarme y cambiarme porque lo que me dijo me había encendido más de lo que el creía.
Me apuré tanto como pude y salí directo a verlo pero estaba uno de mis compañeros hablando con él. ¿A qué tenía que venir si dijo que no pensaba regresar por la tarde? Apenas me vio se sentó en su máquina rápidamente y yo tuve que hacer lo mismo.
Mandé un mensaje a mi jefe, pero no me respondió, estaba totalmente enfrascado en una llamada. Sólo me quedaba resignarme a retomar el trabajo pero en menos de 10 minutos mi compañero se despidió diciendo que regresaría hasta el lunes. giré mi rostro para ver a mi superior que sólo sonrió.
—Hagámoslo —le exigí.
—¿Segura? Pero no tengo ganas de limpi...
—Por atrás.
Mis mejillas estaban rojas por admitir lo que quería.
—Entonces... ¿Uso mis manos o traes algún juguete para estimular tu clítoris?
—No, así.
—¡Wow!
Caminé a su oficina y me incliné sobre su silla negra de vinipiel. Subí mi falda y ya sólo se veía mi ropa interior que poco a poco bajé para sólo mostrar mi ano depilado.
Él sólo atino a cerrar la persiana para evitar que alguien nos fuera desde fuera. Se bajó el pantalón y tomó un lubricante que yo había dejado junto a su computadora. La punta de su pene la sentía entre mis nalgas, estaba duro y caliente.
—Lo voy a hacer con calma —me dijo. —Si te duele o te incomoda, házmelo saber.
—Si.
Con su mano, dirigió su miembro hacía mi esfínter trasero haciendo de a poco presión sobre el. Estaba nerviosa porque ya lo quería dentro de mi, pero si no se hacía con cuidado iba a ser todo un desastre.
Mi respiración estaba acelerada y de mi boca salían algunos sonidos de incomodidad.
—¿Prefieres que use primero mi dedo para metértelo?
De verdad que ese hombre tenía toda la paciencia del mundo para hacerme sentir bien. Con detalles tan pequeños se había dado cuenta de lo que lo que estaba sintiendo.
—Sí, por favor.
No lo estaba viendo, pero podía escuchar cómo lubricaba también su dedo que no tardó en posar en los pliegues externos de mi culo. Comenzó frotando con tanta suavidad que la sensación era tan suave como la de una pluma, así que en cuanto él me preguntó si podía aumentar el tacto le dije que claro ya que se sentía poco. Siguió utilizando sus dedo para relajar todos los músculos y no pude ocultar mis suspiros de deseo.
—¿Ya puedo utilizar mi pene?
—Si.
La ansiedad de tener en mi interior su miembro totalmente erecto hizo que mis piernas temblaran un poco mientras me agachaba un poco más. La cabeza de su miembro tocó mi ano lleno de lubricante y poco a poco comencé a sentir la presión por detrás. Suspiré a modo de relajarme y sin sentir dolor la mitad de miembro ya estaba dentro.
Mi jefe me pregunto si estaba bien comenzar a moverse, nuevamente respondí de manera afirmativa. Sus embestidas eran suaves y rítmicas, aun con ello yo estaba comenzando a gemir algo que prácticamente nunca sucedía.
—Puedes meterlo más —pedí deseosa.
Me tomó por la cadera y fue introduciendo más y más su pene en mi recto.
—¿Te gusta esto zorrita?
—S... Si...
—No paras de gemir. Anda, acepta que ahora te gusta el anal.
—Nooo...
Si era honesta, esta experiencia estaba siendo sumamente placentera que para ese momento ya había olvidado que estaba menstruando y si me ponía loca podía llegar a manchar algo de sangre.
Con cada embestida que recibía no paraba de gemir, en un momento tuve que cubrir mi boca porque si por error alguien entraba no quería que nos escucharan y tuviéramos algún tipo de problema por estar haciendo cosas indebidas en la oficina.
Él no estaba siendo violento, claro que me penetraba con fuerza pero al mismo tiempo sabía que no podía ser en exceso rudo porque yo no estaba preparada para ese tipo de trato.
Levanté un poco mi cuerpo, ya no estaba recargada en el asiento de su silla sino que ahora trataba de sostenerme de los reposabrazos para poder arquear mejor mi espalda. Subí mi blusa y mi sostén para dejar libres mis pechos que mi jefe no dudo en estrujar; sólo él sabía cómo hacerlo tan bien.
—Estoy a punto de venirme...
—¿Quieres que terminemos juntos?
—Si quiero —dije entre gemidos.
—Pero tienes que admitir que te gusta el anal o voy a dejar esto sin terminar.
—¡Cállate!
Siempre buscaba obtener lo que quería. Sólo esta vez le daría lo que quería, pero sólo porque de verdad lo estaba disfrutando tanto que estaba al borde del orgasmo.
—Está bien lo admito me gusta el...
—Ahhh... ¿Siente eso? Me estoy viniendo dentro de tu culo.
—Eh sí, si lo siento y es caliente.
¿Pero qué carajo? Estaba a nada de obtener mi orgasmo y ese tarado ya había terminado cuando antes de eso me había amenazado de dejar todo sin más si yo no respondía afirmativamente su pregunta. Para colmo me interrumpe...
—Voy a salir, aprieta un poco —me pidió dando una palmaditas en mi trasero.
Hice lo que me indicó y en lo que él se iba a su baño privado me quedé molesta, todavía con el culo al aire tratando de no soltar un montón de improperios por lo que acababa de suceder. ¿Cómo carajos me dejó así? ¿Qué carajos le pasaba?
Me la había pasado adulándolo en mi mente por lo bien que lo estaba haciendo, su amabilidad y cortesía en una práctica sexual que se consideraba de riesgo. Había pensado en lo lindo y sexy que era todo esto pero él...
—¡Agh!
—¿Te gustó? ¿Ahora sí te empieza a gustar el anal? —preguntó cerrando la puerta del tocador.
—Sí, sí, sí...
Sólo me subí la ropa interior, acomodé mi falda, bajé mi blusa y salí directo a sentarme a mi escritorio a retomar el trabajo aunque aun seguíamos solos.
Apenas me senté sonó mi teléfono, era él.
"Irte a sentar así es muy sexy."
"Ok."
"¿Estás molesta?"
"No lo sé"
"¿Qué pasó? ¿Te lastimé? ¿Te duele algo?"
Ahí estaba de nuevo esa jodida amabilidad suya que lo hacía tan malditamente perfecto, pero ni así se daba cuenta de lo que había hecho ni el porqué estaba molesta con él.
"No, tarado. NO TUVE MI ORGASMO."
"Demonios...."
0 comentarios - Cogí analmente con mi jefe porque tenía la regla