Capítulo 12: El perdón que le costó caro
Antes de seguir, me veo obligada a contarles el desenlace de lo que pasó. Básicamente, fui la boluda que lo perdonó. Nico me encajó mil excusas que ni una niña se creería, cosas como “fue un impulso, Emma, no significa nada” o “estaba borracho, te juro que no la quiero”. Yo sabía que eran pavadas, pero simulé ser una pelotuda y me las tragué. Lo quería, y aunque me había roto el corazón con esa foto de mierda, aún así lo perdoné. Me dolió en el alma, pero no podía sacármelo de la cabeza, ni de la piel. Era mi vicio, y eso pesó más que mi orgullo en ese momento.Igual, no lo dejé tan fácil. Si iba a seguir conmigo, lo iba a hacer bien. Lo tuve cortito, como dicen. Le dije clarito: “Nico, una más y te corto los huevos, vos elegís”. Y él, que sabía que la había cagado, se volvió un osito cariñoso, jaja. Lo pienso ahora y me da gracia, aunque en ese momento no me reía para nada. Me mandaba mensajes todo el día, “Amor, ¿qué estás haciendo?”, “Te extraño, Emma”, y cuando nos veíamos, estaba encima mío como si quisiera probarme que no iba a meter la pata otra vez. Cogíamos como siempre, yo seguía chupándole la pija porque no podía evitarlo, pero había algo distinto. La confianza estaba rota, y aunque él se portara bien, yo no olvidaba.Pasaron un par de semanas, y una amiga me invitó a la boda de su hermano. No era porque yo me llevara con él, que tenía como seis años más que nosotras, sino porque había joda y me sumó al grupo de chicas para bailar, tomar algo y pasar el rato. Fue una tarde fría de invierno, con el salón lleno de luces, música y gente vestida hasta las manos. Yo me puse un vestido rojo ajustado, de esos que te marcan todo, y me fui con la idea de divertirme, nada más. Pero ahí, entre el ruido y los tragos, tuve mi oportunidad de venganza. Estaba Nico, con sus promesas y su cara de bueno, pero también estaba yo, todavía con esa bronca guardada. ¿Creen que la tomé o la dejé pasar? Ya van a ver
Antes de seguir, me veo obligada a contarles el desenlace de lo que pasó. Básicamente, fui la boluda que lo perdonó. Nico me encajó mil excusas que ni una niña se creería, cosas como “fue un impulso, Emma, no significa nada” o “estaba borracho, te juro que no la quiero”. Yo sabía que eran pavadas, pero simulé ser una pelotuda y me las tragué. Lo quería, y aunque me había roto el corazón con esa foto de mierda, aún así lo perdoné. Me dolió en el alma, pero no podía sacármelo de la cabeza, ni de la piel. Era mi vicio, y eso pesó más que mi orgullo en ese momento.Igual, no lo dejé tan fácil. Si iba a seguir conmigo, lo iba a hacer bien. Lo tuve cortito, como dicen. Le dije clarito: “Nico, una más y te corto los huevos, vos elegís”. Y él, que sabía que la había cagado, se volvió un osito cariñoso, jaja. Lo pienso ahora y me da gracia, aunque en ese momento no me reía para nada. Me mandaba mensajes todo el día, “Amor, ¿qué estás haciendo?”, “Te extraño, Emma”, y cuando nos veíamos, estaba encima mío como si quisiera probarme que no iba a meter la pata otra vez. Cogíamos como siempre, yo seguía chupándole la pija porque no podía evitarlo, pero había algo distinto. La confianza estaba rota, y aunque él se portara bien, yo no olvidaba.Pasaron un par de semanas, y una amiga me invitó a la boda de su hermano. No era porque yo me llevara con él, que tenía como seis años más que nosotras, sino porque había joda y me sumó al grupo de chicas para bailar, tomar algo y pasar el rato. Fue una tarde fría de invierno, con el salón lleno de luces, música y gente vestida hasta las manos. Yo me puse un vestido rojo ajustado, de esos que te marcan todo, y me fui con la idea de divertirme, nada más. Pero ahí, entre el ruido y los tragos, tuve mi oportunidad de venganza. Estaba Nico, con sus promesas y su cara de bueno, pero también estaba yo, todavía con esa bronca guardada. ¿Creen que la tomé o la dejé pasar? Ya van a ver
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