Esta historia totalmente real ocurre en cualquier ciudad media de la Argentina, entre dos mujeres de 40 años, con familia, trabajo e hijos, que deciden hacer real sus fantasías, sin molestar a nadie, cuidando a todos, pero gozando de la vida.
Después de largas charlas y en las cuales nos contamos los atributos de nuestros amantes, nos mostramos fotos, videos, les dimos algunos detalles a ellos y nos contamos que hacíamos con nuestros machos; calentándonos mutuamente; decidimos pasar a los hechos. Con mi cómplice y amiga habíamos decidido hacer un intercambio de amantes.
La cosa comenzó como un juego en una charla, pero decidimos hacerlo realidad. A ellos no había que preguntarles, estaban recalientes con nosotras. Yo con su joven macho y ella con mi maduro amante. Nosotras acordamos de manera cruzada el lugar de encuentro, o sea yo con el de ella y ella con el mío, todo era muy excitante, travieso y con mucha adrenalina.
Ambas teníamos detalles de sus gustos y que los calentaba, pero siempre habíamos hablado entre nosotras, era el momento de aplicar todo eso que ella me dijo. Su machito era divino: joven, de buen físico, su pija de buen tamaño y rendidor.
Nos encontramos en un bar. Fui vestida para matar: falda amplia pero corta, una remera escotada y amplia, zapatos de taco y sin nada abajo. Ella me lo adelantó: “es muy tímido”. Lo vi sentado, me esperaba, vestido de jean y camisa, su porte alto y rubio lo hacía sobresalir, era hermoso.
“¿Hola sos BB?” pregunté, “si” me dijo. Me incliné, como para que viera mis tetas y le di dos besos uno en cada mejilla y me senté frente a él. Tomamos un café y conversamos, yo le hablaba y cada tanto, como al pasar le tocaba la mano o le rozaba las piernas. En serio era tímido, hablé de un tema otro, estaba anocheciendo y me decidí a avanzar. Como sin querer deje caer una cucharita bajo la mesa, él, muy caballero se agachó a recogerla, yo aproveché y abrí las piernas de par en par para que viera mi concha. Se levantó con el rostro cambiado, sonrió y me dijo “¿nos vamos a caminar?”.

Salimos por la plaza y hablamos, me dijo: “allá estan mis amigos, vamos por otro lado”. “No” le dije, “pasemos por allí”. Mi amiga me había contado que él, en un juego, había mostrado mis videos y fotos a sus amigos veinteañeros, alardeando por la “madurita que se cogía”. Llegando al grupo de chicos moví el culo, e hice que pusiera su mano en mi cintura y le hice una caricia en la cara, el silencio fue atronador, él solo infló el pecho y saludó. Luego que pasamos sentí el cuchicheo y las miradas posadas en mi culo.
Seguimos caminando y hablando. Al girar la esquina y viendo que no había nadie, le estampé un beso en la boca. Él, me abrazó y me metió la lengua y me agarró el culo. Estábamos calientes. “Tenés el auto” pregunté, “si” me dijo, “bueno vamos al motel”
Llegamos, entramos a la pieza. Se lo notaba nervioso. Cuando entramos a la habitación, no me dio tiempo a nada, me agarró de atrás y comenzó a besarme el cuello, yo me di vuelta y respondí a sus besos, con malicia y adrede estampé mis labios pintados de rojo en el cuello de la camisa, dejando una marca, para que mi amiga viera.

Le subi la remera y comencé a besarle el cuello y su musculoso pecho, mientras le aflojaba el cinto y le bajaba los pantalones. Me arrodillé y comencé a chuparle la pija, inicié desde abajo con los huevos y subí hasta la punta con la lengua, lo babeé por el costado y luego de una me lo metí hasta donde pude. Cuando lo saqué la marca de mi labial quedó en su pija dura y brillosa, no había llegado hasta el fondo, no era mi intención, así que lo volví a hacer, él, me tomó de la nuca y me la hizo tragar toda, llegando hasta mi garganta produciendo arcadas y baba abundante. Con los ojos llorosos y casi sin aire, me paré, le dije que se tire en la cama y lentamente comencé a desnudarme.

Con movimientos de puta y sonrisa de zorra, lo miraba a los ojos. “Hace rato te quería comer BB” le dije y comencé a gatear sobre la cama hacia él; me arrodillé entre sus piernas y le dije “vení chupáme las tetas …que me dijeron que te gustan mucho…” . Como un niño buscando comida suavemente comenzó a succionarla dándome un placer inmenso, luego las tomó y las amasó con las dos manos, mientras me mordía los pezones. “Haceme la paja” le dije, inmediatamente me introdujo sus dos dedos, hasta el fondo, mi concha era un charco que comenzó a derramar fluidos sobre sus dedos. Así estuvimos un rato.
Me tiré de espalda y le dije “cogeme fuerte como lo hacés con ella, quiero sentir tu pija”. Sin dudarlo se puso sobre mi y lentamente fue entrando. Sentí su dura pija joven atravesándome, estaba caliente, me quemaba la concha, me abría. Levanté las piernas para que entrara más y el comenzó a subir el ritmo, mi placer era inmenso y acabé, pero mi joven macho prestado no había terminado y seguía, lo que me activó nuevamente, pero ya en “modo trola”.
Me sentí su puta, y la puta de mi amiga a la vez. Se cumplía nuestra fantasía, compartíamos nuestros machos. Eso de lo que tanto habíamos hablado lo estábamos haciendo realidad. Dos hembras, dispuestas a todo, emputecidas por la vida, viviendo una segunda juventud, disfrutando del sexo y haciendo que nuestros machos disfruten y nos usen. “Cogéme como una puta”, le dije mientras aullaba de placer.
Allí estaba yo con las piernas abiertas de par en par, las tetas bamboleándose, la concha empapada y el culo palpitando, con una pija metida hasta los huevos, de espalda casi en el aire colgada de su cuello, recibiendo una dura y joven pija.

Quería que no se olvide de mi tan fácilmente, dejar mi marca, abrí más las piernas para que llegue al fondo, lo abracé, sentía su dura pija en el fondo y en el clímax de la excitación le clavé las uñas en la espalda, mientras le pedía que me de “más fuerte”, allí lo sentía. Estaba por acabar y yo también, en un solo grito acabamos los dos, llenándome la concha de leche que rebalsaba de mi vagina, chorreando hasta mi culo, como hace mucho tiempo no sentía.
Quedó tendido sobre mi, le ofrecí mis pechos para que se acomode. Descansamos un rato los dos ensartados hasta que se salió su pija y se derramaron todos nuestros fluidos. Se levantó y se fue al baño, cuando me dio la espalda, la tenía toda marcada por mis arañones. En silencio sonreí, y pensé “se lleva un recuerdo mío, espero que mi amiga lo vea y sepa que su joven macho me hizo gozar como una yegua”.
Después de largas charlas y en las cuales nos contamos los atributos de nuestros amantes, nos mostramos fotos, videos, les dimos algunos detalles a ellos y nos contamos que hacíamos con nuestros machos; calentándonos mutuamente; decidimos pasar a los hechos. Con mi cómplice y amiga habíamos decidido hacer un intercambio de amantes.
La cosa comenzó como un juego en una charla, pero decidimos hacerlo realidad. A ellos no había que preguntarles, estaban recalientes con nosotras. Yo con su joven macho y ella con mi maduro amante. Nosotras acordamos de manera cruzada el lugar de encuentro, o sea yo con el de ella y ella con el mío, todo era muy excitante, travieso y con mucha adrenalina.
Ambas teníamos detalles de sus gustos y que los calentaba, pero siempre habíamos hablado entre nosotras, era el momento de aplicar todo eso que ella me dijo. Su machito era divino: joven, de buen físico, su pija de buen tamaño y rendidor.
Nos encontramos en un bar. Fui vestida para matar: falda amplia pero corta, una remera escotada y amplia, zapatos de taco y sin nada abajo. Ella me lo adelantó: “es muy tímido”. Lo vi sentado, me esperaba, vestido de jean y camisa, su porte alto y rubio lo hacía sobresalir, era hermoso.
“¿Hola sos BB?” pregunté, “si” me dijo. Me incliné, como para que viera mis tetas y le di dos besos uno en cada mejilla y me senté frente a él. Tomamos un café y conversamos, yo le hablaba y cada tanto, como al pasar le tocaba la mano o le rozaba las piernas. En serio era tímido, hablé de un tema otro, estaba anocheciendo y me decidí a avanzar. Como sin querer deje caer una cucharita bajo la mesa, él, muy caballero se agachó a recogerla, yo aproveché y abrí las piernas de par en par para que viera mi concha. Se levantó con el rostro cambiado, sonrió y me dijo “¿nos vamos a caminar?”.

Salimos por la plaza y hablamos, me dijo: “allá estan mis amigos, vamos por otro lado”. “No” le dije, “pasemos por allí”. Mi amiga me había contado que él, en un juego, había mostrado mis videos y fotos a sus amigos veinteañeros, alardeando por la “madurita que se cogía”. Llegando al grupo de chicos moví el culo, e hice que pusiera su mano en mi cintura y le hice una caricia en la cara, el silencio fue atronador, él solo infló el pecho y saludó. Luego que pasamos sentí el cuchicheo y las miradas posadas en mi culo.
Seguimos caminando y hablando. Al girar la esquina y viendo que no había nadie, le estampé un beso en la boca. Él, me abrazó y me metió la lengua y me agarró el culo. Estábamos calientes. “Tenés el auto” pregunté, “si” me dijo, “bueno vamos al motel”
Llegamos, entramos a la pieza. Se lo notaba nervioso. Cuando entramos a la habitación, no me dio tiempo a nada, me agarró de atrás y comenzó a besarme el cuello, yo me di vuelta y respondí a sus besos, con malicia y adrede estampé mis labios pintados de rojo en el cuello de la camisa, dejando una marca, para que mi amiga viera.

Le subi la remera y comencé a besarle el cuello y su musculoso pecho, mientras le aflojaba el cinto y le bajaba los pantalones. Me arrodillé y comencé a chuparle la pija, inicié desde abajo con los huevos y subí hasta la punta con la lengua, lo babeé por el costado y luego de una me lo metí hasta donde pude. Cuando lo saqué la marca de mi labial quedó en su pija dura y brillosa, no había llegado hasta el fondo, no era mi intención, así que lo volví a hacer, él, me tomó de la nuca y me la hizo tragar toda, llegando hasta mi garganta produciendo arcadas y baba abundante. Con los ojos llorosos y casi sin aire, me paré, le dije que se tire en la cama y lentamente comencé a desnudarme.

Con movimientos de puta y sonrisa de zorra, lo miraba a los ojos. “Hace rato te quería comer BB” le dije y comencé a gatear sobre la cama hacia él; me arrodillé entre sus piernas y le dije “vení chupáme las tetas …que me dijeron que te gustan mucho…” . Como un niño buscando comida suavemente comenzó a succionarla dándome un placer inmenso, luego las tomó y las amasó con las dos manos, mientras me mordía los pezones. “Haceme la paja” le dije, inmediatamente me introdujo sus dos dedos, hasta el fondo, mi concha era un charco que comenzó a derramar fluidos sobre sus dedos. Así estuvimos un rato.
Me tiré de espalda y le dije “cogeme fuerte como lo hacés con ella, quiero sentir tu pija”. Sin dudarlo se puso sobre mi y lentamente fue entrando. Sentí su dura pija joven atravesándome, estaba caliente, me quemaba la concha, me abría. Levanté las piernas para que entrara más y el comenzó a subir el ritmo, mi placer era inmenso y acabé, pero mi joven macho prestado no había terminado y seguía, lo que me activó nuevamente, pero ya en “modo trola”.
Me sentí su puta, y la puta de mi amiga a la vez. Se cumplía nuestra fantasía, compartíamos nuestros machos. Eso de lo que tanto habíamos hablado lo estábamos haciendo realidad. Dos hembras, dispuestas a todo, emputecidas por la vida, viviendo una segunda juventud, disfrutando del sexo y haciendo que nuestros machos disfruten y nos usen. “Cogéme como una puta”, le dije mientras aullaba de placer.
Allí estaba yo con las piernas abiertas de par en par, las tetas bamboleándose, la concha empapada y el culo palpitando, con una pija metida hasta los huevos, de espalda casi en el aire colgada de su cuello, recibiendo una dura y joven pija.

Quería que no se olvide de mi tan fácilmente, dejar mi marca, abrí más las piernas para que llegue al fondo, lo abracé, sentía su dura pija en el fondo y en el clímax de la excitación le clavé las uñas en la espalda, mientras le pedía que me de “más fuerte”, allí lo sentía. Estaba por acabar y yo también, en un solo grito acabamos los dos, llenándome la concha de leche que rebalsaba de mi vagina, chorreando hasta mi culo, como hace mucho tiempo no sentía.
Quedó tendido sobre mi, le ofrecí mis pechos para que se acomode. Descansamos un rato los dos ensartados hasta que se salió su pija y se derramaron todos nuestros fluidos. Se levantó y se fue al baño, cuando me dio la espalda, la tenía toda marcada por mis arañones. En silencio sonreí, y pensé “se lleva un recuerdo mío, espero que mi amiga lo vea y sepa que su joven macho me hizo gozar como una yegua”.
13 comentarios - Mi amiga me presto su joven macho
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