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Sissy en el gimnasio pt2. Clase de yoga

Después de aquel día tardé bastante en volver al gimnasio; iba muy seguido, pero entre el dolor de que me hayan dejado el culo abierto y la vergüenza que pasé, me ausenté varios días. 
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Puse en duda si valía la pena seguir entrenando, pero la bandida me impedía perder mi hermosa figura y como no había otro gimnasio sino a kilómetros, decidí volver, aunque con un horario completamente diferente. Aún así no puedo ocultar que mi verdadero motivo para volver era Einar, realmente sentía una conexión con él, algo sencillo, pero fuerte, y por las noches me retorcía inquieto por el deseo de volver a sentir su gran pene. 
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Temeroso, entre de nuevo en el gym esperando no cruzarme con nadie, por dicha mi nuevo horario coincidía con el gimnasio casi vacío. Realicé mi rutina con tranquilidad; sentadillas, peso muerto, zancadas, etc. Antes de irme escuché una voz que me pareció familiar, me acerqué a dónde provenía y, asomándome por la entrada trasera de una sala, ví a Einar. Al parecer daba clase de yoga. Me quedé observando inmóvil, mis ojos estaban abiertos como platos y mis pupilas agrandadas; su varonil presencia me hipnotizó. Terminó la clase y dirigió su mirada a la puerta, reaccioné tan rápido como pude y me fuí en seguida, pero él se fue detrás mío. Cuando llegó a mi me saludó con una gran y emocionada sonrisa, sus ojos brillaban. Me preguntó de todo: que como había estado, cómo me sentía. Me dijo que se alegraba de verme, etc etc. Yo le respondí que desde lo de aquel día me dió vergüenza regresar, él se lo imaginaba, dijo, pero pensaba que yo no volvería. Le interpelé el por qué nunca me había contado que daba clases de yoga, y, con timidez, le pregunté si no me podía unir. Él me contestó que había empezado a dar clases hasta hace poco y añadió que, de hecho, si le interesaba darme clases. Llegamos a la entrada del gimnasio y me despidió diciendo que lo fuera a buscar mañana a tal hora. Yo me despedí dándole un furtivo beso en la mejilla y me fuí avergonzado sin ver atrás. 
Al día siguiente llegué a la hora pactada en el lugar indicado, la sala estaba sola excepto por él. Me incorporé y lo saludé dulcemente. Le pregunté por el resto del grupo y me dijo que la mía sería una clase particular. Me emocioné. Le pregunté entonces por el pago, pero el me indicó que eso lo veríamos después. Su expresión cambió y se dibujó en su rostro una sonrisa de picardía. Prosiguió agradeciéndome que haya venido a su clase particular, dijo que había notado cuáles eran mis intenciones al hacer ejercicio y me explicó que la yoga ayudaría mucho a remarcar aún más la figura de mi culo.

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Me sonrojé y asentí. Procedió a halagarme por mi esfuerzo y mi gran figura. Yo le sonreí coquetamente. Procedimos con la clase, me instruyó en la importancia de la respiración y dimos inicio con la postura de "balasana", seguimos con la pose de la serpiente, pude sentir el alivio en mi espalda, tantos ejercicios con peso me habían comprimido bastante. La clase continúo un buen rato, haciendo estiramientos y respiraciones, para el final pude apreciar como mi cuerpo se sentía más relajado.
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Después de eso, Einar parecía querer dar inicio con lo bueno. Me indicó que proseguiríamos con la postura del perro; boca abajo, sostenido por manos y pies, extendí las piernas lo más que pude y, de está manera, quedé con el culo para arriba. Me sonrojé pensando en quedar completamente sumiso para él, y se me aceleró la respiración cuando note como pegaba su pelvis a mi culito. Me indicó que debía bajar más la espalda poniendo su mano sobre mi lumbar y después me pidió que habriera más las piernas. Su grueso pene comenzó a crecer y hacer presión contra mi ansioso ano.
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Tanteó bajarme los pantalones, ¡Pero no sé lo permití, las ganas de seguir me quemaban, pero antes necesitaba aclarar mi mente, y me tire al suelo de rodillas! Aguantando las lágrimas le dije que teníamos que hablar, él se veía muy consternado, pero me escuchó; abrí la presa de mis sentimientos y un torrente de emociones brotó de mi boca. Le confesé que mi atracción por él era intensa y ardiente, mi necesidad de volver a verlo y sentirlo cada noche. Le confesé que me urgía tener sexo con él frecuentemente, pero que no estaba dispuesto a algo meramente casual. Él tiene algo en su forma de ser que me enternese y me hace sentir seguro y cómodo a su lado. Es, además un hombre agradable, aunque callado, pero bien varonil. Le rogué que, a pesar de ser apresurada la situación, formalizaramos una relación.

Él se quedó mirando pensativo a un punto indefinido, se miraba afligido y contrariado, en su interior se debatían dos fuerzas y la victoriosa estaba cerca de salir a la luz. Me contó que él también gustaba de mi tanto como yo de él, que mi deseo sexual no era único y que su interés en mi iba más allá de lo carnal, pero había un gran problema, Einar es casado. 
Resultó ser que desde hacía poco que se había casado con su novia de hacía años. Yo estaba atómico, él tan joven y ya casado. Nunca lo sospeché porque resultó ser que él no usa su anillo durante los ejercicios pues le resulta incómodo. Le ofrecí disculpas de inmediato y le rogué que me perdonara por meterme en su relación, además de chantajearlo por un capricho y más aún me disculpé por actuar tan apresurado. Einar, gentilmente, me calmó y pausadamente, con dificultad, me explicó que la razón por la que me habíamos mantenido relaciones sexuales fue porque su esposa nunca logró satisfacerlo y encontró en mi una solución a sus necesidades sexuales, pues pensaba, admitió avergonzado, que podíamos tener encuentros sin una relación más profunda. Me quedé extrañando y, disculpándome nuevamente, le traté de explicar que si quería coger conmigo podía hacerlo sin compromiso, en tanto que yo fuera su único amante. A decir verdad me sentía sumamente avergonzado por lo que dije, pero el deseo era tan fuerte que me hacía hablar sin pensar. Y mientras yo no hallaba que más decir, Einar tomó una decisión. Me tomó por los hombros y me dijo que no dejaría a su esposa, pero que nosotros podíamos comenzar a salir para conocernos mejor y por sobre todo, que nadie debía de saber de lo nuestro. Accedí encantado a todo lo que me pidió y cerramos el trato con un desesperado beso. 
El peso de nuestra fuerte respiración era lo único que se podía escuchar, nuestras lenguas se entrecruzaron; la desesperación aumentaba. Él me separó súbitamente de sus labios y quedé completamente hipnotizado, con la lengua de fuera y jadeando por más. Me miró fijamente y lo único que me dijo fue "desnúdate". Me deshice de mis prendas tan rápido como me fue posible, la camisa, fuera) pantalones, fuera; los calzones fuera (había comprado unos recientemente para evitar que sucediera lo de la vez pasada). "Ponte de perrito como te acabo de enseñar" me dijo. Y me puse de perrito como me había enseñado, boca abajo con el culo parado.
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Einar se bajó los shorts lo justo para dejar salir a su gran miembro y con prisa lo introdujo a la fuerza en mi ano.
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La presencia de su pene abarcaba y expandía al máximo mi ano, y sin necesidad de moverse, llegaba a tocar mi próstata. "Escúchame bien" dijo, "de ahora en adelante si quieres pagar por las clases de yoga lo harás con el culo, entendido?". "Si señor", respondí. El latido en su pene retumbaba en todo mi ser y en el podía sentir su éxtasis. Nuevamente él me indicó que bajara más la espalda y abriera más las piernas, obedecí quedando así en la pose de "Prasarita padottanasana". Él lentamente movió sus caderas de adentro hacia afuera. Sentí como el placer incrementaba progresivamente, cada vez más rápido proporcionalmente con la velocidad de su ataque. Gemí levemente y luego un poco más fuerte y luego un poquito más fuerte y sin darme cuenta ya mis gemidos se escuchaban por todo el gimnasio y mis aullidos de dolor y mis lamentos de placer y mis gritos de felicidad reververaban por toda la acústica del edificio, pues el pene de Einar estaba tan duro que me hería. Mi cuerpo ya estaba rígido y me dolía por mantener aquella pose tanto tiempo, y tanto fue así que me tiré al piso de rodillas con el culo aún elevado en señal de que todavía quería más.
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Él Me dió aún más duro, pero llegó a su límite rápidamente y regó una gran cantidad de su semen en mi interior. Me acosté en el piso temblando mientras que de mi ano brotaba toda su semilla a borbotones. 
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Él se sentó y se me quedó mirando un buen rato, yo traté de sonreírle, pero estaba exhausto. Tomamos un reconfortante descanso de 10 minutos en los que no dijimos ninguna palabra hasta que el se atrevió a romper el silencio invitando me a salir el fin de semana, accedí encantado y le pregunté si con lo de ahora había pagado las clases de yoga. Él me respondió que sí afablemente, pero yo noté como su pene comenzaba a crecer nuevamente y le pregunté "¿no quieres una propina?" mientras exponía mi dilatado ano apartando una nalga con mi mano. "Eres toda una perra" me dijo. "Lo soy" contesté mientras el se acordaba a mi par. "Pero yo quiero ser solo TU perra" agregué mientras el introducía nuevamente su grueso miembro en mi interior.
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Con una pierna sobre mi cadera y besándome el cuello, Einar me penetró brusca y salvajemente en el piso del gimnasio. Cada que su gran pene entraba en mi se sentía como si me quisiera partir en dos, me tomaba con fuerza y agresividad, me usaba como si yo fuera su juguete sexual. Cada empujón que el daba pegaba profundamente en mi prostata. Einar no pudo soportar el apretado y reducido espacio de mi ano, ni mis agudos gemidos y, como una explosión, eyaculó nuevamente una gran cantidad de semen que rellenó todo mi interior. Exhaustos, nos incorporamos tras un merecido descanso y nos dirigimos a las duchas, estábamos empapados de sudor y a mí me chorreaba esperma por entre las piernas. A pesar del dolor y el cansancio, un particular desespero se apoderó de mi una vez más y me ví obligado a darle la espalda mientras nos bañamos, ponerme contra la pared y empujarlo con mi culo, ofreciéndole completo acceso a mi, en tanto que le gritaba "métela, métela ya!!!".
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Y él me la metió. Y con fuerza me tomó por la cintura, parecía enojado, enojo que demostró con la brusquedad que me trató, me introdujo su grande y grueso pene sin ningún tipo de consideración ni respeto... y eso me encantó. El sonido de mi culo contra su abdomen una y otra vez se vió amplificado por toda el agua que nos cubría, produciendo, pues, un constante sonido de chapoteo acompañado por unos desgarradores gemidos.
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Eyaculó por tercera y última vez y, exhausto, sacó su ya blando y adolorido pene de mi cansado ano. "No me puedo creer lo puta que eres." Me decía, "Tu culo es demasiado tragón, te dí con todo dos veces y aún así pediste la tercera. Eres increíble, tu culo gordo es demasiado perfecto y aguantas mucho, eres todo lo que me hacía falta.", agregó. "Muchas gracias, papi, siempre estaré dispuesta a complacerte." Respondí. "Si te puedo decir papi , verdad?", él asintió y nos abrazamos. Einar suele ser más callado y siempre es muy gentil, por lo que oírlo decir esas palabras me hacía sentir bastante puta. Nos vestimos y antes de irnos se acordó que tenía un regalo para mí, sacó de su mochila un nuevo pantalón de yoga, bastante bonito. Se lo agradecí mucho y el se resignó a decir que no era para tanto.
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Nos despedimos y cuando llegué a mi casa pasé todo el día siguiente en cama, con un dolor terrible, pero feliz.
Continuará

1 comentarios - Sissy en el gimnasio pt2. Clase de yoga

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